Entradas

La distracción de Toby

Imagen
Toby era el perro más feliz del mundo: su dueño, Pablo, era la luz de sus ojos. Esperaba ansioso sus paseos por el bosque, donde jugaban y luego se echaban a descansar bajo el sol de la tarde. Sin embargo, durante una de sus siestas, Toby se distrajo con una ardilla y decidió seguirla. Caminó durante largos minutos, escondiéndose tras los árboles para evitar que lo viera. Era tal su determinación a atraparla que no fue consciente del paso del tiempo. Finalmente, la ardilla llegó a su nido y se puso a salvo, frustrando los esfuerzos de Toby. Fue entonces que este último entendió que se había alejado demasiado y que el sol se estaba poniendo. Volvió tan rápido como pudo, guiándose con sus agudos sentidos, pero cuando llegó, su dueño ya se había ido. Esa noche no durmió. Triste pero con esperanza, continuó buscándolo hasta que sus patitas se vencieron y se desplomó sobre la hierba. Después de varios días de vagar por el bosque, lo encontró una familia que estaba de pícnic. Toby estaba muy...

La voz de Sofía

Imagen
Desde muy pequeña, Sofía amaba cantar. Era su pasión y su forma de expresión favorita. Siempre que tenía la oportunidad, se unía a coros y grupos de música en su escuela y en su comunidad, y soñaba con convertirse en una gran cantante algún día. Pero un día, todo cambió. Sofía perdió su voz. Fue como si alguien hubiera cerrado una puerta en su garganta, y por más que intentaba cantar, no salía ningún sonido. Los médicos no encontraron ninguna explicación física para su pérdida de voz, pero para Sofía, el mundo se vino abajo. Sin su voz, no podía expresarse, ni cantar, ni comunicarse con los demás de la manera que siempre había amado. Durante semanas, Sofía se sintió triste y perdida. Pero un día, mientras pensaba en cómo podría encontrar otra forma de expresarse, descubrió la escritura. Empezó a escribir historias, poemas y canciones sin necesidad de usar su voz. Descubrió que podía expresar todo lo que sentía y todo lo que quería decir a través de las palabras escritas. A medida que s...

Andrea: una niña normal

Imagen
Andrea siempre se sintió diferente a los demás niños de su escuela. Cuando cumplió 7 años, comprendió que era una niña transgénero. Con el tiempo, Andrea comenzó a vestirse y comportarse como la niña que sabía que era en su interior, pero cuando llegó el nuevo año escolar, se dio cuenta de que no todos aceptaban su verdadera identidad. Andrea se sentía sola y excluida en la escuela; los niños y niñas no la entendían y a menudo se burlaban de ella. No sabía qué hacer para que la aceptaran, pero se dio cuenta de que ella no tenía que cambiar para agradar a los demás. A pesar de lo difícil que era la situación, Andrea tenía el apoyo de su familia y amigos cercanos, quienes la amaban y aceptaban tal como era. Un día, Andrea decidió hablar con sus compañeros de clase sobre lo que significaba ser una persona transgénero. Les explicó que ella siempre había sabido que era una niña, incluso si había nacido con un cuerpo masculino. Les contó que se sentía muy triste cuando la trataban mal y qu...

El conejo que no podía saltar

Imagen
Había una vez un pequeño conejo llamado Tito que era muy diferente a los demás conejos de su madriguera. Tito era el único conejo que no sabía saltar. Por más que lo intentaba, simplemente no podía saltar más que unos pocos centímetros del suelo. Esto lo hacía sentir muy triste y frustrado, ya que todos los demás conejos se burlaban de él y lo excluían de sus juegos y aventuras. Tito se sentía solo y desanimado, pero no quería rendirse y dejar de intentarlo. Un día, mientras estaba explorando el bosque, Tito se encontró con un grupo de animales que estaban en problemas. Un zorro había atrapado a un pajarito y lo tenía atrapado en una rama alta de un árbol. Ninguno de los animales podía alcanzar al pajarito y salvarlo. Tito, a pesar de su incapacidad para saltar, decidió ayudar. Se acercó al árbol y comenzó a trepar por el tronco, apoyando sus patas traseras en el suelo y usando sus patas delanteras para agarrarse a la corteza. Después de un poco de esfuerzo, finalmente llegó a la rama ...

La bruja

Imagen
Ana llevaba mucho tiempo buscando una excusa para acercarse a la casa de la bruja, de quien todos los adultos susurraban pero a quien nadie parecía conocer de verdad. Ni siquiera sabían su nombre, o su edad. Era como una leyenda viva. Hasta el año anterior, Ana debía ir a la escuela acompañada de su hermana mayor, pero cuando ésta completó sus estudios, finalmente llegó la oportunidad que tanto ansiaba. Aquel primer día fue muy atípico. Nunca había preparado sus libros con tanta antelación ni dejado la almohada antes del tercer llamado de su padre. Ya en la calle, iba ensayando en voz baja lo que le diría a la bruja, la forma en la que justificaría haber pasado por su casa. No quería parecer entrometida ni prejuiciosa, ya que no sentía más que una inocente —e inmensa— curiosidad. Llegó al interminable vallado con el aliento justo. Comenzó a buscar a la bruja con la mirada, absorbiendo cada detalle como una niña que ve el mundo por primera vez. Todo parecía ser diferente en aquella casa...

El desvío

Imagen
Mi madre solía decir que todo puede complicarse en medio del campo, incluso las cosas más sencillas. Por eso se sintió tan contenta cuando nos establecimos definitivamente en la ciudad. «Un día de tormenta puede anunciar el fin del mundo», era otra de sus frases favoritas cuando el cielo era un auténtico campo de batalla espectral. De este modo nos mantenía recogidas en la casa, aterrorizadas de que nos llegara el fin del mundo estando lejos. Hasta que ya no le creímos. Y pasó lo que tenía que pasar. Ahora lo estoy recordando, mientras recorro a tientas el camino  enfangado. Comienzo a arrepentirme por dar rienda suelta a mi deseo de volver a ese sitio, a este mínimo mundo, que fue todo el mundo de mi infancia.  Comenzó a llover cuando abandonaba la ciudad pero me dije que sería una lluvia pasajera de primavera. ¡Menuda meteoróloga estoy hecha! No ha parado ni un segundo, tampoco ahora que hundo mis pies en el camino fangoso y cada paso me cuesta un enorme esfuerzo. Tuve el im...

Horizontes

Imagen
Marcos era un niño alegre y carismático. Por las tardes salía a jugar con sus amigos, desconociendo el privilegio que suponía vivir en un barrio tan tranquilo, tan seguro. Podían pasar horas solos, sin preocuparse siquiera por el tráfico, dado que los únicos coches que pasaban por allí eran los de sus padres. Cada año transcurría en una monotonía que a ellos no parecía molestarles en absoluto. Cada año, hasta que un verano el destino alteró el guion de manera imperceptible para todos, menos para Marcos. Ocurrió un viernes por la tarde. El calor suele consumir nuestras energías, pero en los niños el efecto es opuesto: la pandilla llevaba horas correteando, saltando de actividad en actividad, y ninguno de ellos ansiaba la hora de dormir. Estaban jugando al escondite. Marcos contó noventa y siete, noventa y ocho, noventa y... El roce de las llantas contra la tierra llamó su atención. Esa exacta sinfonía era nueva para sus oídos. Se giró. Fue entonces que sus ojos se convirtieron en dos es...